El ser humano quiere ser dueño de su vida aunque de cierta manera sabe que no lo es, ya que no puede determinar ni siquiera el momento de su muerte, aún así vive en la búsqueda incansable por lograr sus deseos y sueños sin consultar la verdadera voluntad de Dios.
Así que el hombre cristiano debe aprender a someterse en primer lugar a Dios y en segundo lugar al orden que el mismo Dios enseña en su palabra; más aún si este hombre (hombre se refiere a especie humana, no solamente a género masculino) es un predicador.
Sumisión en la vida
Todos los aspectos de la vida son objetos de sumisión al creador. La Biblia es clara en afirmar que el hombre es el mayordomo de la creación de Dios, así entonces el ser humano tendrá que dar cuentas a Dios de lo que le fue entregado para administrar.
- Sumisión en las posesiones
“Porque en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él. “ Col 1:16
Es necesario entender que Dios es el dueño de todas las cosas, que aún lo que ha costado tanto esfuerzo y trabajo sólo ha sido posible por su infinita misericordia y porque así ha sido su voluntad.
Si el hombre logra entender esto, seguramente podrá entregar fácilmente el dominio de sus cosas a Dios, como lo dice Larry Burket, “Como Cristianos tenemos que aprender a ceder la propiedad de todas nuestras posesiones a Dios; aquí incluimos el dinero, tiempo, familia, posesiones materiales, educación, carrera, e incluso el potencial futuro para tener mayores ingresos.” (2004, p 6).
Cuando se llega a esta conclusión se acerca al entendimiento de la sumisión financiera. Si el ser humano es un administrador de los bienes que Dios le ha dado seguramente el trato para con ellos será diferente, se ahorrará más, se harán mejores cosas con ellas y definitivamente será de mucha más bendición.
A este punto se hace necesario reflexionar en la importancia del diezmo como una práctica indispensable para un buen cristiano, que además de mostrar el orden financiero evidencia la dependencia de Dios y el agradecimiento por lo dado.
- Sumisión en la familia
Este ha sido uno de los puntos más álgidos en relación con la sumisión, ya que se ha entendido el concepto como obediencia absoluta así eso signifique pasar límites morales o civiles.
La sumisión en la familia debe darse de manera amorosa como La Biblia misma es enfática en aclarar:
“Sujetaos los unos a los otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor. Porque el marido es cabeza de la esposa, así como Cristo es cabeza de la iglesia; y Él es el Salvador del cuerpo. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus propios maridos en todo. Maridos, amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella; para santificarla limpiándola en el lavamiento del agua por la palabra, para presentársela gloriosa para sí, una iglesia que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante; sino que fuese santa y sin mancha. Así los maridos deben amar a sus esposas como a sus propios cuerpos. El que ama a su esposa, a sí mismo se ama”. (Efesios 5:21-28 RV2010)
Entonces pues, es un asunto de entregarse en amor mutuo, de conciliar diferencias, de entender las necesidades del otro, de compartir momentos difíciles, no de imponer sino de amar.
Así mismo el apóstol Pablo amonesta a la familia en roles de padres e hijos de la siguiente manera: “Hijos, obedeced en el Señor a vuestros padres; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, que es el primer mandamiento con promesa, para que te vaya bien, y seas de larga vida sobre la tierra. Y vosotros padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor”. (Efesios 6:1-4 RV2010)
Siempre las relaciones familiares relatadas por Pablo muestran a una familia entregada el uno al otro, donde el amor, el respeto y el ejemplo predominan. Debe entenderse que para que se cumpla una de las reglas debe cumplirse la otra, es decir, si el esposo quiere sujeción de su esposa debe amarla como Cristo ama a su Iglesia, es capaz de morir por ella.
- Sumisión en lo laboral
Así mismo el apóstol Pablo continúa hablando acerca de la sumisión en las relaciones laborales, que hoy son tan necesarias.
“Siervos, obedeced a vuestros amos según la carne con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo. No sirviendo al ojo, como los que agradan a los hombres; sino como siervos de Cristo, haciendo la voluntad de Dios de corazón. Sirviendo con buena voluntad, como al Señor, y no a los hombres; sabiendo que el bien que cada uno hiciere, esto recibirá del Señor, sea siervo o sea libre. Y vosotros, amos, haced con ellos lo mismo, dejando las amenazas, sabiendo que vuestro Señor también está en el cielo; y para Él no hay acepción de personas.” (Efesios 6:5-9 RV2010)
Queda claro entonces, que el cristiano está obligado a honrar a su jefe y en ello adorar a Dios. Parece difícil, sobretodo ahora que se piensa en los patronos como en verdugos, cuando se tiene el imaginario colectivo de que el empleado trabaja para que el patrono descanse.
Esta relación entonces debe ser de servicio mutuo, donde haya una relación de dignificación mutua.
- Sumisión como ciudadanos
Sumándose a todo lo anterior está la sumisión como ciudadanos, no se puede perder de vista que, aunque a veces las decisiones de los grandes jerarcas del país no sean las más afortunadas, es ordenanza bíblica obedecer al gobierno civil siempre y cuando sus decisiones no atenten con la relación personal con Cristo.
Los impuestos, las medidas preventivas, el voto, los deberes civiles y ciudadanos deben ser acatados por el buen cristiano como lo dice la epístola la iglesia de Roma: “Toda alma sométase a las potestades superiores; porque no hay potestad sino de Dios; y las potestades que hay, de Dios son ordenadas. Así que, el que se opone a la potestad, se opone a la ordenanza de Dios; y los que resisten recibirán para sí condenación”. Romanos 13:1-2 (RV2010)
Muchas veces la clase baja y media en las comunidades capitalistas aborrecen el gobierno por sus medidas preferenciales hacia la clase alta, pero lo máximo que puede hacerse en reflexionar entorno a las personas que esperan ser elegidas para esos cargos públicos y votar por ellas. Pero en caso de no ser elegidas el hombre de fe debe sujetarse a ellas, teniendo pleno conocimiento que la obra redentora de Cristo se extenderá aún a su país.
El respaldo del cristiano debe ser con oración por sus jerarcas, y sus gobernantes, tal y como es la ordenanza de su padre celestial.
Sumisión en la Iglesia
Como predicador el hombre cristiano también tiene que sujetarse a Dios y a su Iglesia.
En ocasiones es difícil renunciar al interés personal por el interés de Dios. El predicador debe tener claro que el mensaje que predica a su Iglesia tiene que ser el mensaje que Dios tiene para ella y no el fruto de miles de estudios académicos.
Seguramente este punto es muy álgido, por lo que merece ser explicado.
El predicador tiene la obligación con el Señor y con su iglesia de prepararse académicamente, pero también tiene la responsabilidad de agudizar su oído al mensaje divino. Debe aprender a interpretar su entorno para descubrir qué es lo que íntimamente Dios quiere decirle a sus hijos.
De ahí entonces que el predicador deba renunciar a su mensaje para recibir el mensaje de Cristo, el verdadero mensaje que Dios tiene para su comunidad.
Así que las palabras del predicador no deberían ser “He preparado esto para ustedes…” o “He estado estudiando acerca de…” sino “El señor ha guiado mi estudio hacia…”.
Y para lograr interpretar lo que el Señor dice sin duda debe estudiar, prepararse y orar para entregarle el conocimiento a él, de manera sumisa, entendiendo que quien está en un lugar de poder es Dios y no él.
Bibliografía
- BURKETT, Larry. Guía para controlar sus gastos, Conceptos financieros Crown, Gainesville, 2004, 44p.
- Las sagradas escrituras, Versión Reina Valera, revisión 2010.


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